Reconstruir Europa
1945: Europa estaba en ruinas y su población carecía de alimentos, combustibles y vivienda. Se necesitaban de forma acuciante estrategias de supervivencia y se mantenía el racionamiento implantado en la guerra para que al menos las necesidades básicas estuvieran cubiertas. Había millones de refugiados, exiliados y desplazados en busca todos ellos de cobijo. Europa dependía en gran medida de la ayuda del resto del mundo.
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Se volvieron a trazar las fronteras, y grupos enteros de población fueron forzados a desplazarse. Los aliados occidentales aceptaron el desplazamiento hacia el oeste de las fronteras de Polonia, así como el control, por la Unión Soviética, de los Estados bálticos. También se modificaron las fronteras de Italia, Bulgaria, Rumanía, Hungría y Checoslovaquia. Alemania y Austria fueron divididas en zonas de ocupación.
Líderes aliados dando vueltas al puzle de Europa
Londres (Reino Unido), 1945
Viñeta
Reproducción
Punch, Londres (Reino Unido)
Debido a la grave escasez de hombres, los trabajos de reconstrucción dependieron en gran medida de las mujeres, los jóvenes y los prisioneros de guerra.
Mujeres desescombrando
Tallin (Estonia), 1945
Fotografía
Rahvusarhiiv, Tallin (Estonia)
Las colas para el pan eran habituales, y las personas ingeniosas reutilizaban cualquier cosa que llegaba a sus manos para calentarse, vestirse o satisfacer otras necesidades.
Cartillas de racionamiento
Hungría, años cuarenta (s. XX)
Réplica
Magyar Nemzeti Múzeum, Budapest (Hungría)
Guerra fría
Con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón en 1945, los Estados Unidos se convirtieron en la nueva potencia mundial. En 1949 la Unión Soviética alcanzaría la misma posición al fabricar su propia bomba atómica.
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Surgieron de nuevo grandes diferencias ideológicas entre las democracias liberales occidentales y el comunismo oriental, lo que aumentó las posibilidades de una nueva guerra mundial.
Primera bomba atómica de la Unión Soviética
Moscú (Unión Soviética), segunda mitad del siglo XX
Fotografía
Политехнический музей / Museo Politécnico, Moscú (Rusia)
Los fondos del Plan Marshall fueron ofrecidos a la mayor parte de los países de Europa Oriental y de Europa Occidental, pero la Unión Soviética dio instrucciones a los gobiernos de los países bajo su influencia de que rechazaran la oferta, lo que contribuyó a aumentar la división del continente. Cuando el Plan Marshall finalizó, todos los países receptores habían superado los niveles económicos previos a la guerra.
Stalin intenta bloquear el Plan Marshall
The New York Times, Estados Unidos, 1947
Edwin Marcus
Viñeta
Reproducción
The New York Times, Estados Unidos
Reproduction
The New York Times, United States
Tanto el Bloque Oriental como el Bloque Occidental querían presentar su modelo de sociedad como superior al otro. El Bloque Oriental defendía la idea de que la ideología comunista suplantaría al capitalismo y basó su modelo en economías planificadas por el Estado y en un sistema de partido único. Estas características económicas y políticas eran presentadas como una etapa meramente intermedia para una sociedad sin clases y sin Estado.
CCCP USA
París (Francia), 1968
Roman Cieslewicz
Cartel
Reproducción
Casa de la Historia Europea, Bruselas (Bélgica)
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La silla de plástico en forma de S creada por el diseñador danés Verner Panton es un producto típico de este período. Los diseñadores de los países comunistas también estaban deseosos de mostrar sus credenciales creativas, y muy poco después la RDA producía su propia silla en forma de Z.
Silla en forma de S
Alemania Occidental, años sesenta (s. XX)
Verner Panton (1926-1998)
Plástico
Casa de la Historia Europea, Bruselas (Bélgica)
En este período los sistemas de enseñanza europeos experimentaron enormes cambios. La financiación pública aumentó a todos los niveles gracias a la pujanza económica y al Estado del bienestar, lo que se tradujo en un mejor acceso a la educación para niños y jóvenes: la educación había dejado de ser privilegio de una minoría.
Fotografía de clase
Bulgaria, años sesenta (s. XX)
Colección privada
Se construyeron ciudades satélites y enormes complejos siguiendo los principios de la arquitectura moderna. Se levantaron kilómetros y kilómetros de bloques de cemento gris, idénticos entre sí, junto a centros de servicios sociales y de transporte. Los efectos adversos de un funcionalismo tan extremo y de la implacable estandarización estética en las vidas de las personas y en el tejido social no llegarían a reconocerse hasta bastantes años después.
Maqueta de un piso de tres habitaciones «WBS 70»
Alemania Oriental, años setenta (s. XX)
Réplica
Deutsches Historisches Museum, Berlín (Alemania)
Esta silla de la clínica dental infantil Eastman nos recuerda que la asistencia sanitaria en la Europa de preguerra dependía en buena medida de la generosidad de donantes privados como el empresario estadounidense George Eastman. En los años treinta, Eastman fundó y patrocinó varias clínicas dentales en Europa, que después de la guerra fueron incorporadas a los servicios públicos de salud.
Silla del dentista de la Clínica Dental Eastman
Estocolmo (Suecia), años cincuenta (s. XX)
Eastmaninstitutet, Estocolmo (Suecia)
Ser dueño de un coche, antes privilegio de los ricos, era ahora posible para un número cada vez mayor de personas y se convertía en símbolo de la prosperidad europea. Sin embargo, en el Bloque Oriental, donde la producción no satisfacía nunca la demanda, los automóviles eran un objeto de lujo a los que a veces solo se podía acceder tras varios años en listas de espera. FIAT, fabricante italiano de vehículos, vendía licencias de sus modelos emblemáticos en otros Estados del continente.
Zastava 750, fabricado con licencia de FIAT
Yugoslavia, 1978
Casa de la Historia Europea, Bruselas (Bélgica)
Hitos de la integración europea I
El control de Europa Oriental por parte de la Unión Soviética y la confrontación de esta con los Estados Unidos de América tras la Segunda Guerra Mundial trajeron al mundo dos nuevos conceptos: Telón de Acero y Guerra Fría. Con el apoyo de los Estados Unidos, mejoraron las condiciones para una cooperación más estrecha en Europa Occidental.
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En Europa Occidental creció la esperanza de una Europa unida, ya que se sentía cada vez más atrapada entre dos superpotencias. Poco a poco, la idea de Europa como «tercera fuerza» fue preparando el camino para una cooperación transfronteriza reforzada.
Europa durante la Guerra Fría
Francia, hacia 1948
Cartel
Reproducción
Centre international de recherche sur l’imagerie politique, París (Francia)
Para crear unos «Estados Unidos de Europa», eran necesarios ciertos elementos concretos, como, por ejemplo, un pasaporte y una moneda común. Ya en 1940, una organización autodenominada Movimiento Europeo hizo campaña en este sentido repartiendo tarjetas de identidad y billetes ficticios.
Idea para un futuro billete europeo
Países Bajos, 1949
Reproducción
International Institute for Social History, Ámsterdam (Países Bajos)
Fíjese en cómo está escrita la palabra EUROP en este lingote de acero de 1953. No aparece la letra final «E», como se escribe en francés, ni la «A», que aparece al final de la palabra en alemán, neerlandés e italiano. Un claro ejemplo que ilustra el compromiso fundamental de la nueva Comunidad Europea del Carbón y del Acero.
Lingote símbolo del Plan Schuman
Luxemburgo, 1953
Hierro
Réplica
Fondation Jean Monnet pour l’Europe, Lausana (Suiza)
Memoria de la Shoá
Silencio, falta de reconocimiento, represión: esa es la forma en que el Holocausto (o Shoá, como se lo conoce en hebreo) fue tratado en la posguerra.
Las naciones, en su ansia por rescatar su autoestima, aparcaron sus sentimientos de culpa y complicidad y se recrearon en sus propios recuerdos de sufrimiento y privaciones. Las nuevas realidades de la Guerra Fría hicieron más fácil desentenderse de los fracasos del pasado.
Hoy, sin embargo, el reconocimiento de este crimen inaudito contra la humanidad se sitúa en el centro de todo discurso sobre la existencia de una memoria europea.
Los artistas Ritula Fränkel y su esposo, Nicholas Morris, crearon en 2001 la obra de arte Joseph´s Coat (El abrigo de Josef). El abrigo había pertenecido al padre de Ritula, Josef Fränkel, superviviente de la Shoá.
Joseph´s Coat (El abrigo de Josef)
Darmstadt, 2001
Ritula Fränkel y Nicholas Morris
Casa de la Historia Europea, Bruselas (Bélgica)